07:15. Salimos del puerto de Mahón para vivir un día a bordo de un Menorquín 48 FB
Salimos temprano, para vivir un día a bordo de un Menorquín 48 FB, cuando el puerto de Mahón todavía conserva parte del silencio de la noche. El sol empieza a iluminar las fachadas y apenas corre viento, así que avanzamos despacio entre los barcos amarrados mientras terminamos de preparar la navegación. Nos espera la costa sur de Menorca y todo el día por delante.
Desde el puesto de gobierno interior vemos cómo el puerto va quedando atrás a través de los grandes ventanales. La salida resulta tranquila y el barco responde con suavidad en cada maniobra, sin transmitir sensación de pesadez. Al cruzar la bocana aparece el mar abierto, prácticamente plano, y una ligera brisa entra en cubierta para aliviar el calor de la mañana.
Es entonces cuando sentimos que el día ha comenzado de verdad. No al soltar las amarras, sino en ese primer momento en el que dejamos de mirar hacia tierra y toda nuestra atención se dirige al mar.
08:30. Rumbo a las calas del sur
Aumentamos la velocidad de forma progresiva y ponemos rumbo al sur. Los motores se hacen presentes, pero su sonido no domina el ambiente ni interfiere en la conversación. El Menorquín 48 FB alcanza una velocidad de crucero de 19 nudos y una máxima de 23, aunque, una vez en navegación, las cifras dejan de ser lo más importante.
Lo que percibimos es la manera en la que el barco avanza, con continuidad y sin aceleraciones bruscas. El casco se apoya sobre el agua con firmeza y nos permite movernos por el interior, preparar algo de beber o cambiar de asiento sin estar corrigiendo la postura a cada momento. No sentimos que tengamos que adaptarnos al barco; es el barco el que acompaña el ritmo que hemos elegido para la mañana.
Durante la primera parte del trayecto navegamos desde el puesto de gobierno interior, protegidos del viento y con una vista amplia de la costa. Más tarde subimos al flybridge, donde la sensación cambia por completo. Desde allí vemos el horizonte sin obstáculos, seguimos con claridad el perfil de la isla y sentimos la brisa con algo más de intensidad.
Uno de nosotros permanece al timón mientras el otro se acomoda en el solárium de la parte superior. Estamos compartiendo la navegación, aunque cada uno pueda estar haciendo algo diferente.
El flybridge dispone de:
• Vistas panorámicas y puesto de gobierno con asiento para tres personas
• Dinette en U y mesa plegable de teca
• Solárium
• Cocina exterior equipada con nevera, fregadero, estiba y máquina de hielo
No lo vivimos como una cubierta destinada únicamente a gobernar. Durante el trayecto se convierte en una zona desde la que hablar, observar la costa o simplemente permanecer sentados mientras el barco sigue avanzando.
11:20. Llegamos a Macarella
A medida que nos acercamos a Macarella reducimos la velocidad. El azul oscuro del mar va cambiando poco a poco y, cuando disminuye la profundidad, empezamos a distinguir la arena bajo el casco. El agua es tan clara que podemos seguir con la mirada las zonas más profundas y elegir con tranquilidad el punto de fondeo.
La cala está relativamente tranquila. Hay algunos barcos, pero todavía encontramos un lugar desde el que contemplar la playa y los acantilados sin sentirnos demasiado cerca de nadie. Desde el flybridge comprobamos la posición y uno de nosotros baja a proa para preparar el ancla. La cubierta despejada facilita el movimiento, mientras que el molinete y el sistema de fondeo quedan integrados junto a la dinette y el solárium de proa.
Cuando apagamos los motores, el cambio se nota de inmediato. El sonido de la navegación desaparece y durante unos minutos solo escuchamos el agua contra el casco. Dejamos las toallas en la bañera, bajamos hacia popa y nos sentamos junto al mar antes de bañarnos.
La plataforma de baño sumergible queda muy cerca de la superficie, por lo que entrar y salir del agua resulta cómodo. Podemos sentarnos con los pies dentro, dejar las gafas de buceo o volver al barco sin necesidad de trepar desde una escalera alta. Cuando salimos del agua no subimos enseguida a cubierta; nos quedamos un rato allí, secándonos al sol, porque la plataforma funciona casi como una pequeña terraza abierta sobre la cala.

13:45. Almorzamos a bordo
Después del baño entramos para preparar el almuerzo. La cocina interior nos permite trabajar con comodidad y seguir viendo el mar mientras organizamos los platos. Preparamos algo sencillo: pescado, una ensalada y pan con tomate. La comida forma parte del día con la misma naturalidad que navegar o bañarnos.
El salón recibe mucha luz y mantiene una relación directa con la bañera gracias a la apertura de popa. En la distribución estándar, este espacio reúne un doble sofá, mesa de comedor, nevera auxiliar y el puesto de gobierno, formando una zona interior cómoda sin quedar desconectada del exterior.
Aunque podríamos comer dentro, decidimos subir los platos al flybridge. Desde la mesa vemos la cala completa y una ligera brisa hace que la temperatura sea más agradable. Comemos despacio, sin horarios y sin nada que nos obligue a marcharnos. Después, uno se tumba en el solárium mientras el otro baja a preparar café.
A lo largo del día vamos cambiando de zona sin pensarlo demasiado. Utilizamos el interior para cocinar, la popa para acercarnos al agua y el flybridge para comer o navegar. No hay un único lugar principal a bordo; cada espacio cobra sentido según la hora, la luz o el viento.
16:40. La tarde junto al agua
Tras varias horas en Macarella levantamos el ancla y navegamos hacia otra zona de la costa. El trayecto es corto, pero suficiente para volver a sentir el movimiento del barco y dejar que el aire refresque la cubierta. Cuando encontramos un lugar algo más tranquilo, fondeamos de nuevo y regresamos a popa.
Cortamos fruta, sacamos agua fría y nos sentamos cerca de la plataforma. Uno de nosotros baja hasta quedar casi a la altura del mar mientras el otro permanece en la bañera. Estamos lo bastante cerca para seguir hablando, pero cada uno dispone de espacio para acomodarse sin estorbar al otro.
El Menorquín 48 FB tiene 15,80 metros de eslora total y 4,85 metros de manga, unas dimensiones que se perciben especialmente cuando se utiliza el barco durante varias horas. Podemos dejar las toallas en popa, mantener la merienda sobre la mesa y caminar por cubierta sin tener que recogerlo todo continuamente.
Antes de marcharnos volvemos a bañarnos. El agua está algo más templada que por la mañana y la luz comienza a ser menos intensa. Permanecemos un rato flotando junto al barco, observando cómo la tarde cambia el color de la costa.

18:35. El mar empieza a moverse
Cuando abandonamos la cala encontramos algo más de viento. El mar ya no está tan plano como a primera hora y pequeñas olas cruzan nuestra ruta de costado. Guardamos los vasos, dejamos las ventanas cerradas y continuamos navegando hacia poniente.
El movimiento se hace visible, pero no llega a modificar la vida a bordo. El casco atraviesa las olas sin golpes secos y dentro podemos seguir hablando con normalidad. Uno de nosotros conduce mientras el otro permanece en el asiento cercano, observando el rumbo y la costa.
Las condiciones han cambiado, pero seguimos navegando. Esa continuidad define bien la sensación a bordo: el Menorquín no reclama nuestra atención a cada momento, sino que nos permite concentrarnos en el trayecto y en lo que ocurre alrededor. La estabilidad se aprecia especialmente cuando aparece algo de viento y comprobamos que podemos continuar con el plan previsto sin que la navegación se vuelva incómoda

20:25. El atardecer desde popa
Antes de regresar buscamos una zona abierta hacia poniente y reducimos la velocidad. El viento ha bajado y el mar comienza a reflejar los tonos cálidos del cielo.
Nos acomodamos en la dinette de popa, frente al horizonte, y abrimos una botella de champagne. Brindamos mientras el sol desciende lentamente hacia el agua y la cubierta se va llenando de una luz más tenue.
Desde popa no vemos la estela ni el camino recorrido, solo el mar abierto y el último tramo de luz del día, disfrutando del silencio, de las vistas y de la mejor compañía.
A esa hora el barco ya no está perfectamente ordenado. Hay una camisa sobre un respaldo, crema solar en la mesa y dos toallas secándose en popa. Quedan algunos platos en la cocina y fruta en la nevera. Nada de eso molesta; son las señales de que hemos utilizado el barco durante todo el día y de que cada espacio ha formado parte de la jornada.
Seguimos sentados hasta que el sol desaparece y el cielo comienza a oscurecer. No hace falta añadir mucho más. Basta con estar allí, frente al mar y con la compañía adecuada.

21:10. Regreso a Mahón
Encendemos las luces de navegación y ponemos rumbo de vuelta al puerto de Mahón. Después de pasar tantas horas al aire libre, agradecemos regresar al interior y sentarnos junto al puesto de gobierno. La costa va perdiendo detalle a medida que cae la noche.
Estamos cansados, pero no sentimos el agotamiento de una jornada incómoda en el mar. Hemos navegado varias horas, preparado el almuerzo, nadado y cambiado dos veces de fondeo, aunque todavía nos apetece permanecer un poco más a bordo.
Durante las últimas millas hablamos menos. Miramos las luces que empiezan a aparecer en la costa y repasamos algunos momentos del día: el baño de la mañana, la comida en el flybridge, la fruta en popa o el cambio del mar durante la tarde.
Un día a bordo de un Menorquín 48 FB no necesita una ruta complicada ni una agenda llena de actividades. Basta con salir temprano, encontrar una cala y dejar que el barco se adapte a cada momento sin imponerse. Cuando entramos de nuevo en el puerto, no sentimos que hayamos pasado el día dentro de una embarcación, sino que hemos disfrutado de un lugar propio en el mar.
